miércoles, 24 de septiembre de 2014

Seguridad en La Crísis

Al sonar la alarma del despertador, ¿cuál es el primer pensamiento que le cruza por la mente? ¿Siente entusiasmo y ganas de comenzar el día, o siente afán y abatimiento?
 
Como hijos de Dios, siempre podemos elegir regocijarnos, porque Él tiene el control de cualquier situación que nos espere.
 
La fuente de la confianza es el enfoque. Si fijamos nuestra atención en las circunstancias o en nuestra insuficiencia, lo más probable es que surjan la inquietud y el desánimo. Pero cuando nos enfocamos en el Señor y en su poder para ayudarnos a salir adelante, podemos enfrentar cualquier problema, porque nuestra confianza deja de estar en nosotros, para estar en sus promesas.
El apóstol Pablo tenía esta clase de perspectiva, a pesar de que enfrentó pruebas y dificultades imponentes. Mientras estaba en un calabozo, escribió palabras optimistas como: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil 4.13).

Creía firmemente que Cristo le permitiría llevar a cabo cualquier tarea que el Padre celestial escogiera para él. Esta es la misma seguridad que el Señor quiere que tengamos, no importa lo que enfrentemos. La confianza que agrada a Dios está basada en nuestra relación con Cristo. Puesto que nada puede separarnos de su amor, nunca estamos solos en las luchas (Ro 8.38, 39). Además, Él promete fortalecernos y darnos todo lo que necesitemos para llevar a cabo lo que pida (Fil 4.19).

Es posible que Dios no cambie nuestras circunstancias, o no elimine las dificultades, pero tenemos la seguridad de que Cristo nos dará el poder para enfrentarlas. El Señor utiliza estas luchas para enseñarnos a depender de Él. Si usted se siente abrumado por la inquietud o el temor, acérquese a Dios en oración.

Descargue sus preocupaciones en Él. Luego, dedique tiempo para meditar en las Sagradas Escrituras y reenfocar su mente en el Señor y sus promesas. Cuando Él ocupe el primer lugar en su mente, usted podrá enfrentar las luchas con plena confianza.


lunes, 22 de septiembre de 2014

Sabiduría Para Las Pruebas

Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.
Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.
No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.
El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.
 

A primera vista, el pasaje de la Biblia en Santiago capítulo 1   no parece estar relacionado con el tema de las pruebas, pero Santiago está, en realidad, siguiendo con la idea de los tres versículos precedentes. Necesitamos sabiduría para saber cómo responder al sufrimiento. Esto significa que debemos ver las pruebas desde la perspectiva de Dios, y comprender su propósito al permitirlas.

Si usted quiere salir de las pruebas con gozo y victoria, debe comprender las siguientes verdades:

1. Dios tiene control total del tiempo y de la intensidad de cualquier prueba.
2. Él tiene un propósito específico para su sufrimiento, y es posible que usted no lo entienda hasta que éste haya terminado.
3. La prueba será provechosa si usted se somete a Dios y confía en Él.
4. Las situaciones difíciles son oportunidades para demostrar fe verdadera.
5. Si usted enfrenta la prueba con gozo y paz, el Señor demostrará el poder que tiene para sostenerle.
6. El Padre celestial utilizará las dificultades para producir en usted un carácter como el de Cristo.
7. Dios caminará a su lado en medio de las pruebas.
8. El Espíritu Santo le permitirá soportar la prueba y salir vencedor.

Si usted cree en estos principios, ellos le moldearán para responder apropiadamente a las dificultades en la vida. Esta perspectiva elimina las reacciones negativas que provocan normalmente las pruebas, y hace posible las respuestas sobrenaturales. En vez de quedar desdichado y desmoralizado, usted experimentará paz y gozo maravillosos.

sábado, 9 de agosto de 2014

La Analogía de la Fe

En su obra clásica, Hermenéutica Bíblica, Milton S. Terry, quien fue una vez profesor en el Instituto Bíblico Garrett, declaró que existe “armonía general” en toda la Escritura. Por ende, “no se debe causar que algún enunciado único o pasaje oscuro de algún libro anule una doctrina que muchos pasajes establecen claramente” (1883, 2:579). Se llama a este procedimiento “la analogía de la fe”.
 
Otra expresión es “el método sintético” (cf. síntesis—“juntar”). Este es un procedimiento de estudio por el cual se junta la información bíblica relevante sobre el mismo tema, y luego se deduce conclusiones razonables según la armonización del material. Esta es una forma de “lógica inductiva”, lo cual es razonar según puntos independientes pero relacionados para llegar a una conclusión general.
 
Aunque todos usan este modo de razonamiento en cierto grado (pero muchos pueden no saber cómo identificarlo formalmente), es una tragedia que se ignore este procedimiento de sentido común cuando sea tiempo de aplicarlo a la verdad—especialmente a los componentes del plan divino de la salvación para la humanidad.
 
Primero, consideremos una cantidad de términos que se usan para describir el estado de la salvación. Aquí hay varios: salvados, perdonados, libertados, lavados, borrados, limpiados, redimidos, revividos, etc.
 
Ahora, reflexionemos en cuanto a una cantidad de textos bíblicos en que estas expresiones están conectadas con las condiciones preliminares a la recepción de la meta asociada. Debemos recordar que buscamos armonía bíblica entre estos pasajes—no contradicción. Ya que es la Palabra inspirada de Dios, la Biblia es armoniosa. No se debe interpretar el texto de alguna manera que le ponga en contradicción con otro texto que aborda el mismo tema. Ahora, note lo siguiente en cuanto a algunos textos relacionados a la salvación:
  • Creencia + bautismo = salvación (Marcos 16:16)
  • Creencia = vida eterna (Juan 3:16)
  • Arrepentimiento + bautismo  = perdón (Hechos 2:38)
  • Recepción de la Palabra + bautismo = salvación (Hechos 2:41,47)
  • Creencia + bautismo = gozo (Hechos 8:37-39; 16:31-34)
  • Arrepentimiento = vida (Hechos 11:18)
  • Bautismo = lavamiento de pecados (Hechos 22:16)
  • Fe = justificación (Romanos 5:1)
  • Resurrección del bautismo = vida nueva (Romanos 6:3-4)
  • Obediencia = justicia (Romanos 6:16)
  • Obediencia = liberación del pecado (Romanos 6:17)
  • Creencia + confesión = salvación (Romanos 10:9-10)
  • Lavamiento + santificación = justificación (1 Corintios 6:11)
  • Bautismo = inclusión en un cuerpo—la iglesia (1 Corintios 12:13; cf. Efesios 5:23)
  • Fe = salvación (Efesios 2:8)
  • Lavamiento en agua + Palabra = limpieza (Efesios 5:26)
  • Lavamiento + renovación = salvación (Tito 3:5)
  • Bautismo = salvación y buena conciencia (1 Pedro 3:21)
Al sintetizar la información de estos textos llegamos a esta conclusión: las condiciones inherentes en el plan de salvación humana son la creencia, el arrepentimiento, la confesión de fe y el bautismo en agua; el resultado de someterse a estas condiciones inspiradas es la salvación, el perdón, la justificación, la vida nueva, la justicia y la inclusión en Cristo o en el cuerpo—Su iglesia.
 
En vista de la totalidad de información en estos pasajes, ¿por qué alguien seleccionaría un artículo (e.g., “la fe”) y sugeriría que la creencia es la única condición de la salvación; o peor, sugeriría que no hay condiciones para la salvación (como lo hace el calvinismo fundamentalista)?
 
A diferencia del método sintético de interpretación, hay un procedimiento que se puede describir como el “método aislado”. Este esfuerzo equivocado es muy común entre aquellos que tienen capacidad interpretativita rudimentaria. Siempre que una situación parezca conveniente, ellos citan un texto de lo escondido de su biblioteca teológica mental y le dan cualquier aplicación que desean (e.g., la salvación por “fe solamente”).
 
Si se argumenta que la salvación es por “fe solamente”, entonces, usando la misma clase de “lógica”, se pudiera “probar” que se obtiene la redención por “arrepentimiento solamente”, sin ninguna convicción real en cuanto a Jesucristo. O se pudiera sugerir que es por “bautismo solamente”, sin necesidad de arrepentimiento o fe (como en el caso de la práctica del bautismo de bebés). Tal método de interpretación es un error serio que guía al caos intelectual.

Terry, Milton (1883), Hermenéutica Bíblica [Biblical Hermeneutics] (Nueva York: Phillips & Hunt).

martes, 4 de febrero de 2014

Dios te Sigue Amando

En ocasiones llegamos a pensar que ya no somos útiles para Dios, que lo que Dios en su momento tenía para nosotros ya no está disponible. Y es que a veces los errores que hemos cometido nos llevan a pensar que Dios está defraudado de nosotros.
 
En lo personal pienso que no podemos defraudar a Dios porque para defraudar a alguien se necesita sorprenderlo, es decir, hacer algo que esa persona no esperaba de nosotros. Pero delante de un Dios Omnisciente: ¿Qué podemos esconder?
 
Dios no se sorprende de tus errores, Él más que nadie sabía lo que ibas a hacer y sin embargo siempre ha buscado la manera cómo ayudarte extendiendo su mano, abriéndote puertas donde parecían que estaban cerradas, levantándote muchas veces y poniéndote en el lugar que tu consideras que no mereces y ¿Sabes porqué?, porque simplemente te ama, porque su amor es incontable e insuperable, porque Él nunca dejo de amarte y lo que un día te dijo que haría lo cumplirá porque Él nunca olvida y siempre cumple.
 
Quizá los últimos días te has sentido indigno de ser su hijo, indigno del lugar en donde Dios te ha puesto, indigno de las muchas bendiciones que Dios ha derramado sobre tu vida, pero aun y con todo lo que puedas pensar o sentir, debes entender que Dios te ha puesto allí no por méritos propios, sino porque su gracia y misericordia hacia tu vida es grande y porque Dios nunca ha dejado de creer en lo que puedes hacer en sus manos.
 
Quizá tu te veas como alguien derrotado y que no tiene oportunidades de salir adelante, pero Dios te ve con otros ojos, con ojos de amor y su amor es tan grande que cuando te ve, mira en ti más allá del presente, mira lo que puedes llegar a ser si tan solo le permites actuar con libertad en tu vida.
Dale la oportunidad a Dios de transformarte por completo, deja de sentirte menos y comienza a comprender que para Dios vales mucho. Ríndete a Dios, reconoce tus debilidades y comienza a vivir solo para Dios.
 
Deja aun lado los errores del pasado, ya no vivas recordando lo que ya no puedes solucionar, eso que se hizo, hecho está, pero lo que viene por delante es lo que realmente vale, no importa como comenzaste, lo importante es como vas a terminar y Dios quiere que termines en victoria permitiéndole a Él actuar con libertad en tu vida.
 
¡Vamos! Ya no luches más solo, no creas que solo podrás, en su lugar ríndete a Dios, sométete a su voluntad y comienza a vivir cada segundo de tu vida solo para agradarlo y hacer su voluntad y entonces todo el panorama de tu vida comenzará a cambiar y comenzaras a ver días mejores.

¡Dios sigue amándote de igual manera! ¡Búscalo!

“Hace tiempo el Señor le dijo a Israel:
«Yo te he amado, pueblo mío, con un amor eterno.
Con amor inagotable te acerqué a mí.
Yo te reedificaré, mi virgen Israel.
Volverás a ser feliz
y con alegría danzarás con las panderetas.”

Jeremías 31:3-4 (Nueva Traducción Viviente)
Autor: Enrique Monterroza
Escrito originalmente para www.destellodesugloria.org

miércoles, 8 de enero de 2014

Tiempo de Cosecha

Días atrás, una empresa de servicios para telefonía celular, anunciaba con ímpetu y entusiasmo algo así como: “¿Angustiado? ¿Solo? ¿No sabes que hacer? Manda la palabra ‘Dios’ al nº …” No es el propósito ni el enfoque del presente escrito, emitir opinión ni concepto alguno sobre esta clase de servicios. De lo que sí estamos seguros es de que por una parte no es Dios quien va a cobrar esas llamadas de texto y por la otra no nos queda duda alguna de que las personas suscritas al servicio van a leer en las pantallas de sus móviles exactamente lo que esperan y quieren leer.
 
Afortunadamente nuestro amado Dios no es así. Nos ha suministrado una línea directa sin costo alguno, a través de la cual podemos mandar todos los mensajes multimedia que queramos. A través de la oración no sólo podemos enviar palabras, también podemos mostrar textos, presentarle a Dios las imágenes que vienen a nuestra mente y las que se encuentran delante nuestro, sonidos y videos inclusive ¡en vivo!… Dependiendo del grado de profundidad e intimidad de la oración, hasta es posible enviarle y presentarle a Dios cortos de pasajes de nuestra vida completos, tan “completos” que hasta pueden incluir nuestras sensaciones más íntimas, esas que se encuentran arraigadas en lo más profundo del alma, que no hay dispositivo electrónico alguno en el planeta capaz de reproducirlas ni transmitirlas. Que ni tan sólo es posible describirlas con palabras (Rom. 8:26).
 
Este servicio para nosotros es absolutamente gratuito. Sin embargo pagado a un elevadísimo precio por quien tuvo a bien “abrir el canal”. Estamos ante un Dios que a diferencia de muchos “dioses” en lugar de exigir sacrificios de vidas optó por ofrecer El mismo, el sacrificio de su amado hijo en una cruz en el Calvario hace más de dos mil años. La muerte del amado Hijo Jesús, es el precio. Sin más palabras, Gracia Divina. Pagada a un alto precio por quien tiene a bien entregarla; a título absolutamente gratuito  para quien la recibe.
 
Pero en todo esto, amada, amado del Señor, muchas veces Dios no nos habla ni nos da a leer lo que esperamos y queremos escuchar ni leer. En la intimidad de la oración o del estudio bíblico, debo confesar que las palabras de Dios a veces se me tornan ríspidas y de una medida que se me hace difícil –y por qué no decirlo– a veces en mi humanidad racional y corrupta, me parece imposible de alcanzar.
 
En una rápida mirada hacia atrás, si bien hubo momentos felices, hoy puedo ver también las pruebas que afronté y lo difícil que ha sido mi vida a través de los años. Enfermedades, fobias, angustias, miedo, soledad, rechazo, marginación, discriminación y aparteid son algunas de las palabras que afloran en mi mente. Y no es resentimiento, ni queja; es necesaria objetividad, porque si bien esos amargos pasajes de mi vida El ya los ha visto y presenciado, hoy puedo mostrárselos yo mismo a Dios desde lo profundo de mi corazón a través del canal de la íntima oración. A sus jóvenes dieciocho años, quien esto escribe ya no amaba la vida ni tenía proyectos de vida. Fue cuando providencialmente alguien tuvo a bien ayudarme a acercarme a Cristo y entregarle mi vida a El.
Todo esto no lo hacen los servicios de mensajes de texto, pero eso no es lo mejor de esta historia, no es la pequeña y exquisita frutita roja que corona el postre más delicioso.
 
Lo mejor está por venir, toda vez que la oración es también una forma de sembrar en la tierra más fértil de todas las tierras fértiles. Una tierra que no es de este mundo, una tierra que es nada más ni nada menos que EL CORAZON DE DIOS.
“Todo lo que sufriste lo que tuviste que remar y hoy es el momento de gloria… cosechando tu siembra…” Anoche cuando el Señor irrumpía en mi mente con esta reflexión, cobraban un significado nuevo y aún más profundo e íntimo las palabras del Señor: 

…pues todo lo que el hombre sembrare,  eso también segará. Porque el que siembra para su carne,  de la carne segará corrupción;  mas el que siembra para el Espíritu,  del Espíritu segará vida eterna.

(Gálatas 6:7b-8 RV60)
Autor: Luis Caccia Guerra

martes, 8 de octubre de 2013

Orar y Creer

La mayoría de nosotros tenemos un gran problema y no hablo de las situaciones que se nos presentan a diario con las cuales debemos de lidiar, sino con la forma de cómo queremos que esas situaciones difíciles se solucionen.
Y es que la mayoría de nosotros oramos muchas veces sin creer que algo puede pasar. Y no me van a dejar mentir que a veces hemos orado teniendo la “convicción” de que nada va ocurrir y que ese problema va a terminar con un mal resultado.
Personalmente debo confesar que en ocasiones me he encontrado orando pidiendo a Dios su ayuda en determinada situación, pero con el pensamiento firme en mi mente que nada puede evitar que eso termine mal.
Parece ilógico pero así ocurre, yo he sido testigo de gente que ha orado por enfermos sabiendo que no se van a sanar, o personas orando por provisión sabiendo que no la van a recibir, mujeres orando por la conversión de sus esposos reconociendo que es difícil que se acerquen a Dios, padres orando por sus hijos resignados a que estos ya no van a cambiar, es así, ocurre, no estoy hablando de cosas del otro mundo, ni cosas que nunca han pasado, estoy hablando lo que suele pasar cuando oramos por algo que consideramos que es difícil de solucionar.
Y es que nuestra mente es así: evalúa que cosas son solucionables y que cosas no tienen solución y en base a eso cree. Sin embargo Dios no quiere que evaluemos con nuestra mente las soluciones a las situaciones que se nos presentan, Él quiere que nosotros oremos pero que también creamos que algo bueno va ocurrir.
Nuestro Señor Jesús dijo:
“Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.”
Mateo 21:22 (Reina-Valera 1960)
Él dio la clave para la respuesta, nos dice que lo que pidamos en oración, también lo creamos para recibirlo. No tendría que haber más nada en nuestra mente que la seguridad de una respuesta a lo que estamos orando y entonces las cosas van a suceder.
Hoy quiero invitarte a comenzar a creer, que al orar por algo determinado ores con tu mente creyendo totalmente que lo que estás pidiendo lo vas a recibir y entonces vas a ver como Dios te va a sorprender con las respuestas indicadas a cada situación.
La próxima vez que ores que no haya más nada en tu mente que la seguridad total que vas a recibir esa respuesta que estas pidiendo, porque cuando crees sin dudar entonces ocurren cosas maravillosas.
No pienses en que ese problema no tiene solución, solo ora creyendo que Dios dará la respuesta perfecta a ese problema, no trates de imaginar cómo, porque imaginándolo puedes ser presa de la duda, en cambio confiando a pesar de las circunstancias o del panorama desalentador es cuando realmente Dios honra tu fe y te da las respuestas perfectas que tanto necesitabas.
¡Ora, pero también CREE!
“Confiamos en Dios, pues sabemos que él nos oye, si le pedimos algo que a él le agrada.”
1 Juan 5:14 (Traducción en lenguaje actual)

domingo, 29 de septiembre de 2013

Para Glorificar a Cristo Jesús


     El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.  Juan 16:14

La mejor forma que El Espíritu Santo puede Glorificar a El Señor Jesucristo es mostrándonos las cosas propias de Jesucristo. Jesús mismo hizo esta recomendación, Él se hizo su propio elogio. Hizo un adorno de él mismo con su propio oro. El Consolador nos muestra a nosotros aquello que Él ha recibido de Nuestro Señor Jesús.

El nunca dirá una cosa que no le haya sido revelada. Tiene una manera de abrir nuestra mente y de abrir las Escrituras y por este doble proceso Él nos muestra a nuestro Señor en nosotros. Hay mucho arte al exponer un asunto y este arte pertenece al más alto grado en el Espíritu de verdad. Él nos muestra las mismas cosas de Jesucristo. Este es un gran privilegio, como lo saben todos aquellos, Quienes han disfrutado de esta visión sagrada.

Debemos buscar la iluminación del Espíritu, no para satisfacer nuestra curiosidad, ni para traernos comodidad personal, sino más bien para glorificar a nuestro Señor Jesucristo. ¡Que bello es tener ideas dignas de Él¡, es hermoso tener impresiones vividas de Su persona, de su trabajo y de Su gloria. Entonces podremos con el corazón y el alma clamar verdadera alabanza a Su Nombre, y adorar con conocimiento.

Donde hay un corazón enriquecido por la enseñanza del Espíritu Santo habrá la visión de un Salvador glorificado y un conocimiento pleno y  convicción, esto va más allá unas simples palabras o enseñanzas naturales de hombre, es El mismo Espíritu Santo enseñándonos a Cristo y su Reino.

¡Ven Espíritu  Santo Celestial y muéstranos a Jesús nuestro Señor!